domingo, 10 de enero de 2010

MI RETORNO AL MAR (Parte 2)

Por
Danilo Gutiérrez Baella
Sábado 9 de enero de 2010

En la crónica anterior prometí hablar de una nueva aventura sobre una tabla Long Board, pero el Señor nos ha guardado recién hasta hoy (una semana después...) para regresar al mar.

Esta aventura no tendría mucho de diferente, ya que no llegué a subir a la anhelada Long Board. Sin embargo, la historia se vuelve más interesante hoy, pues se desarrolla en una nueva playa para este humilde escritor: Punta Roquitas.

Punta Roquitas se encuentra más al norte de Makaha. Siendo miraflorino playero, antiguo corredor de la nostálgicas "Pitty Tabla" treinta años atrás, tengo que confesar que jamás había corrido olas en otras playas que no fueran Makaha y La Herradura de la Costa Verde, aparte de las lejanas del sur en los hermosos y frecuentes paseos familiares en nuestro Ford Galaxy 500 del 64'. Punta Roquitas, realmente, es otra experiencia.

Llegamos con mi hermana Vycky y su cámara fotográfica Sony, desembarcando de un taxi confiable en el que también estaban mis padres, listos para iniciar un recorrido relajante por todo el circuito de playas desde Miraflores hasta Chorrillos. Allí, al pie de la pista, estaba la Cherokee color guinda de mi Hermano Zelmar, con él casi listo para ingresar y esperándonos. Nos despedimos de mis lindos viejitos, y mochila al hombro re - edité, esta nueva "Aventura del mar", como dice la bella canción del argentino Diego Torres.

Mientras mi hermana se recreaba tomándonos fotos en los calentamientos previos de ingreso al mar, Zelmar me orientaba con respecto a las corrientes de esta playa, y al tamaño de sus olas. Definitívamente, no sería una "Makaha", sino un siguiente paso a las ligas menores - mayores del surf en esta parte de la costa peruana. Olas en promedio de metro y medio de altura hoy día, que andaba un poco bajo, y de hasta tres metros en tiempos en que crece el mar. Ya preparados, nos dispusimos a orar en agradecimiento al Señor por la bendición del hermoso día de sol que nos regalaba, pidiéndole nos lleve de su mano para disfrutar del mar y sus encantos surferos. Pacificados, descendimos felices por el talud de piedras de la orilla con nuestras tablas a cuestas.

Esta vez no pude ir a la misma velocidad de Zelmar. Una inercia me acompañaba y me agotaba en busca de esa primera ola especial que correría en Punta Roquitas, mi estreno total como surfer en ese mar tan diferente. Espumas revoltosas pasaban una y otra vez sobre mí, y yo braceaba con firmeza y pataleaba tratando de remontar. Pero no, y así pasaron por lo menos veinte minutos cercanos a la orilla, orientado por una corriente pujante y extraña para mí. A mi lado derecho el espigón corto de rocas no se movía, y más bien sentía que me iba acercando a él sin desearlo, tratando de ingresar en forma directa y contra las olas como siempre solía hacerlo.

Estuve a punto de declinar y regresar a la orilla voluntariamente, muy cansado, cuando la voz de Zelmar se escuchó con fuerza: "¡Dany, estás mal, por ahí no es!". Me pregunté cómo saldría de ese entrampamiento agotador, y Zelmar simplemente me indicó que le acompañara navegando transversalmente hacia su posición, para luego retomar juntos el ingreso directo al fondo. Fue una maravilla que sólo se entiende confiando en el Señor, ya que en forma suave me trasladé hasta llegar a una zona tranquila mar adentro, sin espumas arrebatadas ni corrientes encontradas. Entendí que como en el cielo y en la tierra, el Señor ha sembrado "senderos" también en el mar que el surfero ya conoce y utiliza para llegar... ¿Adónde? Zelmar me lo dijo de una forma espectacular: "Dany, ¡estás en el "POINT"!". Nunca había disfrutado tanto al entender esta jerga surfera simple y maravillosa. Point = Zona ideal para correr. Mi mérito personal radicaba en haber llegado físicamente hasta allá, a pesar del cansancio, pero esa fuerza nosotros sabemos de quién proviene, y se lo agradecí con alegría infantil.

No distinguíamos a Vicky, y nos preguntamos si ella también podría hacerlo con nosotros. Zelmar hijo, mi hermoso sobrino, estaba también mar adentro siendo objetivo de los disparos contínuos desde la cámara Sony de mi hermana. Zelmar padre, mi Hermano, me pedía me dedicara a ver mientras tanto a los "tigres" del surf que andaban cerca, pues de ellos también aprendió él alguna vez así, observándoles correr.

Y el mar empezó a levantarse en olas preciosas, y llegaba el momento de decidir tomarlas. La primera que corriera tendría que llevar un nombre especial, de eso estaba seguro, y se la agradecería al Señor. Zelmar empezó a guiarme, y pasó una ola sin poder tomarla, otra donde terminaba sumergiendo inexplicablemente la proa de la Morey en el mar en vez de correrla, y así dos más, hasta sentir que "mi ola" llegaba. Hermosa, verde clarita y cristalina, empezaba a rugir a mi espalda, y al escuchar a Zelmar alentarme, le dí con todas mis fuerzas inspirado en un sentimiento maravilloso y esperanzador.

Las espumas iniciales bloquearon mi vista, pero eso no importaba. Ya estaba descendiendo y corriendo, empujado por la fuerza marina más grande que había sentido hasta hoy en estas aventuras. Corrí y corrí feliz, desplazándome a gran velocidad hacia la orilla. La ola tomada no me permitió estrellarme, sino acariciarme con sus espumas, y ceder metros antes de llegar al clímax de la euforia, y volar en pedazos. Grité con júbilo, y observé al volver la mirada el largo sendero invisible que debería remontar para ingresar otra vez al Point.

"Gracias Señor, en nombre de Cristo Jesús, amén, ¡Y AMÉN!".

¡Hasta la próxima, mi Bro!

Te invito a visitar:

http://www.tpcaltoperu.com

y el nuevo Video Clip de TPC Alto Perú "La aventura del mar" en http://www.youtube.com/watch?v=vW6tYULBW_Q



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